Hayk, el arquero.
¿Cuál es la relación entre el Génesis bíblico, el patriarca epónimo de los armenios y el arco y la flecha?
Bueno, trataremos de ilustrar a nuestros lectores.
En el Génesis, el rey de Babilonia, Bel, es quien ordena la construcción de la famosa Torre de Babel.
Tras la confusión de lenguas, los participantes comienzan a abandonar el reino del déspota Bel, quien pretendía seguir gobernando sobre todos.
Uno de sus súbditos, llamado Hayk, cansado de la tiranía de Bel, decide alejarse y juntando a toda su prole y su tribu, se encamina al norte.
Él ama la libertad, es así que se nos cuenta en los relatos fundacionales de la historia de los armenios.
Hayk llega hasta la llanura del Ararat, donde los pobladores lo reciben con bien y lo aceptan como líder.
Pero Bel, enojado por este acto de rebeldía, lo persigue y le conmina a volver.
Las fuerzas de ambos bandos chocan frente a la gran montaña, y en medio de la batalla, Hayk tensa su arco, y dispara una flecha que acierta directamente en la frente de Bel.
Caído el tirano, sus huestes huyen, y Hayk comienza a gobernar la región.
Según los historiadores armenios, esta batalla tuvo lugar en agosto del año 2492 antes de Cristo, dando así el inicio al Gran Calendario Armenio, por lo que este 2026 corresponde al año 4519 de los armenios.
¡Hayastán, tierra de Hayk!
Desconocemos cómo se transmitió oralmente este relato fundacional de la Nación Armenia, sabemos sí que fue recopilado a mediados del siglo 5º de nuestra era.
Resultó de tal importancia que no sólo no fue borrado sino que fue cristianizado, con el agregado de la referencia bíblica, haciendo de Hayk descendiente del propio Noé a través de Jafet.
La propia traducción de la Biblia a la lengua armenia incluye una referencia interesante: la Constelación de Orión.
Traducida como la Constelación de Hayk, se la representa como un arquero tensando al máximo la cuerda de su poderoso arco.
Y de ahí el nombre de Armenia en la lengua propia, Hayastán, el país fundado por Hayk.
La arquería en la Argentina de hoy y los armenios.
No solamente la arquería es importante como deporte, sino también como un precedente histórico, nos hace recordar tiempos históricos.
Sin ese recuerdo, nosotros no podríamos explicar qué somos hoy, y en especial hay un pueblo que está directamente vinculado a ello.
Lejos del deporte, había sido un modo de supervivencia en su momento, a través del héroe Hayk.
Luchando por el bienestar de su pueblo, con un arco y una flecha, como ha llegado a ser simbolizado, llegó a crear Armenia.
Por lo tanto, los que somos descendientes de armenios nos sentimos muy orgullosos de Hayk y también del arco y la flecha.
¿Quién nos dice esto?
Es el Dr. Roberto Malkassian, sí, el jurista y especialista en Derecho Internacional.
El mismo que fue el asesor del Dr. Leandro Despouy, quien logró la aprobación del informe Whitaker, o sea, el reconocimiento del Genocidio Armenio en la Subcomisión de Derechos Humanos de la ONU en 1985.
El mismo Dr. Malkassian, hijo de sobrevivientes del Genocidio, no sólo es un aficionado a la arquería, sino que ha sido el promotor de este milenario deporte en la Argentina, el pionero.
Esto es lo que nos cuenta:
«Mi comienzo fue en 1970, cuando veo un artículo en la revista de La Nación, una nota de dos páginas.
Habían fotografiado a unos arqueros, gente grande, y que estaban tirando al lado de la Av. Gral. Paz. No había clubes ni Federación, no existía nada.
Era un grupo de gente mayor, seis a ocho personas, no más. La noticia en La Nación era “qué bárbaro, qué fantástico, qué raro”.
El domingo siguiente tomo el auto y voy hasta allá, a ver qué era eso.
Yo nací en Salónica, Grecia, de padre y abuelos sobrevivientes del Genocidio. Malkassian de parte de padre y Mordjikian de parte de madre. Del lado femenino, los Mordjikian son Sukiassian.
Toda mi infancia la viví en una casa tipo palacio, con un gran jardín, sobre el mar. No tenía amiguitos en la zona.
En ese jardín, había árboles, ramas, yo estaba solo, y me fabricaba mis propios juguetes.
Me encantaba el tema del arco, me lo armaba con ramas y lo más rectas posible las flechas. Me quedó siempre la idea.
Llegué al país en 1957, a los 10 años.
Cuando leo la nota en La Nación voy a ver a esos arqueros. Fue fenomenal, me asombró.
No tenían club, eran aficionados que se juntaban. Uno era camarista, un cargo altísimo en la justicia; el otro era un abogado muy conocido que hacía derecho comercial y derecho civil.
Pero quien pesaba más entre ellos era Roberto Rocca, dueño de Techint.
El blanco al cual tiraban no era nada, consistía en un par de fardos. Seguridad “cero”. Si no pegaban en el fardo, buscaban la flecha en los pastizales…
Rocca, con profundo acento italiano me dice “yo le enseño”, y empecé ahí. Él me prestaba su arco, mientras yo buscaba comprar uno.
Tuvo la paciencia de enseñarme al tiempo que me explicaba las reglas de los torneos internacionales.
Rocca mismo, en su Milán natal, organizaba anualmente un torneo de tiro con arco que llamaba “Il Campanello” porque a los ganadores les daba como premio campanas de plata.
Tiempo después me dijeron que había en Buenos Aires un fabricante, Masciotra, a quien le compré mi primer arco y aun lo tengo. Un arco tradicional, entero.
Obviamente agradecí la enseñanza pero me pareció que valía la pena armar un club y tener un campo de tiro que no estuviera entre pastizales. Y pensé en hacerlo en la facultad de Derecho de la UBA.
Fui, hablé, todo bien, el departamento de deportes dice “cómo no”.
Yo estaba terminando la carrera, era ayudante no graduado de Derecho Internacional (me recibí en 1973).
Mi profesor tenía ciertos contactos, en esa época la facultad tenía unos 7000 alumnos, con un área muy importante dedicada a deportes: gimnasio, pileta, cancha de básquet, vóley, etc.
Les dije que iba a traer 30-40 fardos, dijeron “ningún problema”. Fardos bien armados. Los puse en una de las paredes del gimnasio, donde estaba la cancha de básquet.
Me conseguí los blancos gracias a los que fabricaban arcos. Ellos empujaban para que esto se organizara un poquito más, tal como Carlos Bracco (falleció en octubre 2025) a quien compré un par de arcos para enseñar.
En la Facultad puse carteles anunciando la nueva actividad deportiva y empezaron a venir los alumnos.
Arranqué ahí, y como vi que eso andaba, dije “no podemos solo acá adentro”, y fundé el “Club Universitario de Arquería” –CUDA–, porque todos eran universitarios. Así empecé yo, aun antes de recibirme.
Gradualmente, comenzaron a aparecer secciones de tiro con arco de diferentes clubes, como el Tiro Federal de Rosario, de los alrededores de Buenos Aires, de La Plata.
El CUDA fue el primer club cuyo fin era exclusivamente el tiro con arco.
En cuanto a la UBA, nunca hizo falta firmar acuerdo alguno porque tanto la parte de deportes del Rectorado como el Decano de la Facultad decían “ningún problema”.
Hacía poco que había empezado a usarse la Ciudad Universitaria. Voy allá y veo un terreno libre que estaba muy bien porque tenía espacio abierto de unos 120 metros plano y sin obstáculo alguno.
Allí se desarrolló el CUDA. Un día nos dijeron que los alemanes pusieron fondos para hacer un edificio vinculado a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, cerca de donde estábamos tirando.
Eso motivó que nos pasaran a otro lugar, siempre dentro de la Ciudad Universitaria, que es donde estamos ahora.
Mi pasión fuera de la abogacía es la arquería. El hobby te lleva a ver que alrededor tuyo hay entidades que se van creando.
Y pensás, “nosotros somos los únicos universitarios, hay que ordenar esto, hay que hacer una federación”. Y modestamente, la Federación la hice yo.
Y no quise ser presidente de entrada, lo fui poco después. Fue en 1973-74, al año de haber creado el CUDA.
También hice la inscripción ante el Comité Olímpico Argentino, en la calle Arenales. Si no estábamos inscriptos en el COI no podíamos competir olímpicamente.
Hoy, la arquería es un gran deporte universal, está en las Olimpíadas desde hace años.
Y en la Argentina se ha difundido muy sanamente, muy bien, de a poco, con todas las dificultades que tiene un deporte que empieza.
En la arquería argentina actual hay una decena de aficionados armenios, que practican este hermoso deporte con pasión, emulando así a nuestro ancestro el patriarca Hayk.
Los invitamos a conocer este milenario deporte, a entrenarse y practicarlo, sin límites de edad.
Cuando se conmemoró el Año Nuevo Armenio 4500, Sergio Kniasian, “armenólogo”, se contactó con el CUDA para que haga su participación en dicha celebración, vestido como HAYK y recreando el enfrentamiento con BEL.
Por eso, en los juegos Navasartian es esencial que haya arquería».
Entrevista e Investigación: Eduardo Karsaclian y Adolfo Aidician.
GUÍA ARMENIA MENC:
