Por Pablo Romero.
Juan Andrés Balanta estaba emocionado. Acababa de confirmarse su nuevo equipo. Quería contarles la noticia a sus papás de inmediato, así que tomó el teléfono y marcó desde Portugal, donde había jugado por cinco años.
“¡Me voy a jugar a Armenia!”, les dijo, con una voz cargada de alegría. Del otro lado, desde Colombia, hubo un breve silencio… un silencio de esos que expresan dudas.
Al fin, sus papás respondieron: “Mijo, ¿cómo así? ¿Usted por qué se va a venir a jugar al Deportes Quindío?”, le dijeron con desconcierto, por el hijo que hacía una carrera en Europa y le daba por devolverse.
Balanta, quien quizá sospechaba esa respuesta, soltó la risa antes de explicar…
Juan Andrés Balanta es un centrocampista colombiano de 29 años y quien, tras un inicio en el fútbol profesional en el Deportivo Cali y un paso por el Cúcuta Deportivo y Jaguares, se fue a emprender su aventura por Europa.
Allí, se ha labrado un camino silencioso, principalmente en el fútbol de Portugal, en equipos como el Oliveirense, el Canelas y el Torreense.
En 2025, justo cuando le quedaba un año de contrato, fue contactado desde un lejano país. Le dijeron que lo venían siguiendo y querían ficharlo.
“Vas a jugar la Conference League y queremos ser campeones de nuestra liga otra vez”, le dijeron para convencerlo. Así que Juan, quien ya sentía que su ciclo en Portugal se había terminado, se dejó seducir por esos objetivos.
La sola idea de competir a nivel europeo en la Conference —la tercera competición europea de clubes, después de la Champions y la Europa League— lo cautivó.
Entonces, dijo que sí. Y fue así como Juan Andrés Balanta, a quien se lo conoce, sin razón en particular, como Balanta jr., aterrizó con su esposa y sus dos hijos, de un momento a otro, en un país que él no había imaginado visitar, pero cuyo nombre le sonaba familiar:
Armenia, como la capital del departamento del Quindío. Su nuevo equipo era el Ararat-Armenia.

Armenia es un país pequeño, europeo, de no más de 2,9 millones de habitantes, ubicado entre Europa del Este y Asia Occidental, en la región montañosa conocida como el Cáucaso Sur.
Es un país lejano, así lo pensó Juan desde que tomó la decisión. Miró el mapa, vio que su destino limitaba con Turquía, Georgia, Azerbaiyán e Irán, y se imaginó visitando todos esos países. Pero primero se visualizó haciendo goles con el Ararat, era para eso que lo fichaban.

Vivir y jugar en Armenia.
Su equipo juega en la Liga Premier de Armenia, creada en 1992, tras la independencia del país de la URSS y que actualmente cuenta con 11 equipos.
El Ararat juega, como casi todos los equipos del país, en la capital, Ereván, ciudad que a Juan se le parece un poco a una pequeña Bogotá, por aquello del caos de una capital: ruido, carros, pitos, gente, mucha gente que va y que viene.
De hecho, la mayoría de la población de Armenia vive allí. Pero, además, es una ciudad muy cultural, apenas para el gusto de Juan, a quien le gusta visitar monumentos históricos, ver los atardeceres, admirar iglesias imponentes y paisajes bonitos.
Como el monte Ararat, que tiene una altura de 5.137 metros y es uno de los principales atractivos de la región.

Pero Ereván también es, ante todo, una ciudad futbolera. Y Juan no tardó en darse cuenta. Así empezó su historia en ese país, tan “seguro y tranquilo”, como lo califica tras un año viviendo allí.
Arrancó a mediados de 2025, como cualquier futbolista recién llegado: le dieron un apartamento, ubicado a unos 500 metros del lugar de prácticas; hizo su pretemporada, trabajó muy duro, a doble turno.
Su rutina en pretemporada es ir a entrenar en la mañana, luego ir a casa caminando —casi todos los extranjeros viven en la misma zona, y todo es muy cerca, no necesitan carro.Almorzar, descansar, volver en la tarde caminando, entrenar otra vez, conocer mejor a sus nuevos compañeros, brasileños, portugueses, uno que otro griego, senegaleses, ghaneses…
Tuvo dificultades, como es normal. En las primeras prácticas sintió el rigor de los jugadores locales, “que se protegen mucho entre ellos” y que son muy “físicos”, que juegan con mucha intensidad, que van a muerte a cada pelota, pobre el que la tiene y más si es un foráneo recién llegado.
Eso fue lo que más le llamó la atención al llegar. También le costó adaptarse a un país nuevo, uno que en invierno es muy frío y en verano muy caliente, como él dice: “Todo al extremo”.

El idioma fue otra dificultad, el armenio, que es el idioma oficial, de por sí ya es difícil, y la segunda opción no le ayudaba mucho a Juan: ruso…
Hoy, al menos ya sabe decir algunas palabras en armenio, como buenos días: “Se dice… se dice… ay, se me olvidó, je, je, es que es muy difícil”. Lo que sí tenía a favor es que el DT, Tulipa —quien ya había dirigido a Balanta en el Torreense—, es portugués y ese idioma Juan sí lo domina. En todo caso, hay intérpretes, para el inglés y para el Armenio.
Pero a la primera instrucción del luso, Juan ya sabe qué tiene que hacer. Se fue adaptando. Al comienzo de este año tuvo algunas lesiones, pero un día fue como el despertar de un león: Juan se hizo protagonista en su equipo.
“Mi temporada fue muy buena”, asegura con orgullo: Juan jugó 25 partidos, marcó 7 goles, también hizo una asistencia.Se convirtió en pieza clave para que el Ararat-Armenia no solo compitiera en la Conference League, en la que alcanzó la tercera ronda eliminatoria, sino que se quedara con el título de la liga local.
El significado de salir campeón en Armenia.

“Mi pensamiento era desde el primer momento venir a Armenia y ser campeón, pienso que eso lo teníamos claro. La manera como se conformó el grupo dio esa posibilidad».»Mi equipo es nuevo, tiene unos 8 años de historia… antes jugaba en Rusia, pero aun así ya tiene 3 títulos de liga, dos copas de Armenia… y tienen buena hinchada, siempre nos acompañan…”, dice.
Y recuerda que cuando él juega bien, la tribuna se lo reconoce y hasta corea su nombre en ese acento armenio que retumba: “Balanta… Balanta…”. El año pasado, Balanta hizo dos goles en la Conference League, se los hizo al Sparta de Praga, y no se olvida de esas anotaciones, y menos del partido jugado en la República Checa.
“Perdimos por 3 goles ese día (4-1), pero fue muy bonito ver el estadio de ellos todo lleno; iniciamos ganando con un gol mío, un gol muy bonito que marqué desde fuera del área».
«Fue muy emocionante estar arriba en el marcador con mi gol y saber que pudimos estar en ventaja ante un equipo de esa categoría”, recuerda.

Haber ganado la liga de Armenia fue otra gran experiencia para Balanta, quien relata que en Armenia hay 5 equipos que siempre se pelean el título y el Ararat logró marcar diferencia y ser campeón.
Pero ahora Balanta tiene retos más grandes, él y su equipo piensan en la Champions League, la que afrontan desde la fase previa con el sueño de llegar a la fase de liga y jugar grandes partidos.
Juan, tras terminar la temporada anterior y justo en el receso mundialista, estuvo recuperándose de una lesión en Lisboa y espera estar de vuelta cuanto antes.
“Ahora miramos otros objetivos, sin descuidar el de revalidar el título local, pero pasa por hacer que el club avance en competiciones europeas».
«Disputamos desde la primera eliminatoria de Champions… para llegar a la fase de liga es necesario ganar 3 llaves”.Contó antes de que su equipo superara la primera llave, contra el Riga de Letonia, y ya le ganó en la ida al Shamrock Rovers, de Irlanda, en la segunda llave.
Así que toda marcha según lo planeado.Si a Juan se le pregunta hoy si es feliz en Armenia, dice que sí, allí vive bien, su familia está cómoda, cuando hay fecha FIFA o días de descanso viajan a conocer otros países, ya han estado en Dubái, Turquía, Georgia, y cuenta que se muere de ganas por ir a Moscú…
Dice que en Armenia respetan a los extranjeros, que es un país muy religioso, pero que nadie obliga a nadie a nada. En lo deportivo, se siente cómodo en el club y sabe que, aunque es una liga lejana, él ha hecho su aporte para destacarse.
Pero Juan no puede ocultar que extraña muchas cosas de Colombia, su Caloto (Cauca) natal, su familia, sus amigos y, claro… la comida, su pollo, sus carnes, eso es lo que come en Armenia para no improvisar gastronómicamente.
“En eso soy complicado”, dice y se ríe. Sin embargo, por ahora no ha pensado en volver a jugar en su país.
Él cree que aún tiene mucho fútbol y goles para sobresalir en su equipo y en ese pequeño país que desde el primer momento le sonó familiar, por el nombre o quizá porque la bandera es como la de Colombia pero al revés.
“Papá, mamá, Armenia es un país europeo y voy a triunfar”, dijo ese día al teléfono y entre risas todo quedó aclarado.
FUENTE:
GUÍA ARMENIA MENC:
