El documento «TOMA DE CONCIENCIA», escrito por el Dr. Guillermo A. Karamanian, Embajador de la República de Armenia Occidental en la Argentina. ofrece un análisis fundamental sobre la identidad, la nacionalidad, la ciudadanía y los derechos de los armenios nacidos en Argentina bajo el Derecho Internacional Público desde 1920.
El texto clarifica conceptualmente estas cuestiones capitales, traza la distinción entre el Estado Armenia vigente desde 1920 y el Estado sucesor soviético, invitando a la comunidad a reflexionar sobre la verdad jurídica y el destino de Armenia.
TOMA DE CONCIENCIA.
Cuando a integrantes de la comunidad armenia que hemos nacido en la Argentina nos preguntan de qué nacionalidad somos o qué ciudadanía tenemos, muchos contestan que son argentinos, descendientes de armenios.
Esto es un error objetivo.
Para dar claridad conceptual a este yerro y desterrarlo de la armenidad para siempre, es fundamental comprender las líneas que se desarrollarán en este escrito.
Todos los integrantes de la comunidad armenia que hemos nacido en la Argentina somos armenios de nacionalidad y ciudadanía, y también somos argentinos de idéntica forma.
Somos armenios de nacionalidad armenia y con ciudadanía armenia del Estado de Armenia con reconocimiento internacional desde el año 1920, por derecho de sangre (jus sanguinis).
También somos argentinos de nacionalidad argentina y con ciudadanía argentina de la República Argentina, por derecho de suelo (jus soli).
Los papeles que acreditan la nacionalidad y ciudadanía argentina todos los poseemos desde que nacimos y los vamos renovando a medida que las normativas lo requieren.
Los papeles que acreditan la nacionalidad y ciudadanía armenia nunca los tuvimos, ya que nuestro país armenio desde finales de 1920 estuvo completamente usurpado por Turquía en el ala occidental y por la Rusia soviética en el ala oriental, impidiendo la constitución temporal de un ente administrativo o burocrático que formalice la nacionalidad y ciudadanía armenia que adquirimos en forma automática al momento de nacer.
Pero nosotros no solamente somos armenios y argentinos; además poseemos una característica jurídica propia como pueblo autóctono: somos el pueblo originario de Armenia Occidental.
Los armenios que hemos nacido en la Argentina lo hemos hecho por una única razón de trascendencia jurídica: nuestros padres, abuelos, bisabuelos o tatarabuelos han sido víctimas directas de la perpetración del Genocidio ejecutado por el Estado turco-otomano contra el pueblo armenio.
Exclusivamente por esa razón —es decir, por ser obligados al exilio forzoso para salvaguardar sus vidas— han huido hasta aquí.
Por ello, bajo la estricta relación de causa-efecto, nosotros hemos nacido en este suelo, como podríamos haberlo hecho en cualquier otro punto del planeta.
Entonces, somos de nacionalidad y ciudadanía argentina por derecho de suelo, y poseemos la nacionalidad y la ciudadanía armenia por derecho de sangre.
Somos integrantes del pueblo argentino y, al mismo tiempo, del pueblo originario de Armenia Occidental, bastión fundamental del milenario pueblo armenio.
El pueblo originario de Armenia Occidental —es decir, todos nosotros— hemos sido desterrados de nuestro suelo patrio por el crimen de genocidio perpetrado contra nuestros mayores.
Las tierras de las que somos oriundos como pueblo autóctono han sido declaradas armenias en el Derecho Internacional Público. en el año 1920, mediante hechos jurídicos y una robusta documentación convencional que no admite discusión académica ni jurídica alguna.
Uno de ellos y que enlaza a nuestros dos países, es el decreto presidencial argentino N° 46 mediante el cual Argentina reconoce a nuestro país Armenia el 3 de mayo de 1920.
Quienes opinan en contrario a estas afirmaciones lo hacen por intereses sectoriales concretos o por profunda ignorancia.
El Estado de Armenia, país y sujeto de derecho internacional público del cual todos nosotros somos ciudadanos desde el nacimiento, fue usurpado a finales del año 1920.
En el año 1991, los armenios del mundo sufrimos una ilusión: creímos que la naciente Armenia de 1991 nos contenía como ciudadanos y resucitaba al Estado de Armenia de 1920.
Lamentablemente, esto es falso.
La dirigencia armenia soviética falló al llamado de la Patria y no tuvo la valentía de asumirse como la dirigencia del Estado Continuador Jurídico del Estado de Armenia reconocido internacionalmente en 1920.
Si lo hubiera hecho en los albores de la década del 90, no existiría la Armenia de 1991 y todos los armenios seríamos ciudadanos plenos de la Armenia integral que el pasado 19 de enero de 2026 cumplió 106 años de existencia legal ininterrumpida como país vigente e internacionalmente reconocido.
Por el contrario, decidieron aceptar las amputaciones territoriales soviéticas y constituirse en un Estado independiente bajo el estatus jurídico de Estado Sucesor de la República Socialista Soviética de Armenia.
Por esa razón técnica somos legalmente extranjeros para la administración de la Armenia de 1991.
Este nuevo país cuenta únicamente con una superficie de 29.743 km² y arrastra la imposibilidad jurídica de extender su soberanía territorial por la forma restrictiva en la que se ha constituido.
Por ello, la Armenia de 1991 —que nos es ajena como estructura de Estado— cumplió el pasado 21 de septiembre de 2026 sus 35 años, en soledad (en términos estrictamente jurídicos y más allá de los festejos en los que pudieron participar integrantes del pueblo originario de Armenia Occidental).
Esto significa que la Armenia de 1991 carece de títulos para el reclamo territorial y, por esa exclusiva razón, jamás pudo incorporar legalmente a Artsaj a su territorio.
Por ese mismo motivo, los dirigentes políticos del pequeño país del Cáucaso ya no disimulan y declaran abiertamente que el Monte Ararat no les pertenece, como tampoco las provincias armenias de Najicheván y Artsaj.
Aceptan sumisamente las fronteras soviéticas pero, en lugar de blanquear su intento de separación del Estado de Armenia de 1920, intentan suplantar a nuestro país histórico con los 29.743 km², cometiendo la blasfemia de afirmar que el Monte Ararat es turco, que Najicheván y Artsaj pertenecen a Azerbaiyán y que Armenia Occidental no existe.
Como se puede apreciar, los intereses de la administración de la Armenia de 1991 son contrapuestos al interés nacional armenio y a los derechos del pueblo originario de Armenia Occidental.
Intentan suplantar a nuestro país con reconocimiento vigente desde 1920, aprovechando que se encuentra temporalmente abandonado por la mayoría de su propio pueblo originario, que sólo obra así porque desconoce esta compleja trama de derecho internacional.
Somos víctimas de un complot orquestado por la geopolítica mundial y el status quo comunitario —compuesto por intereses sectarios y una profunda ignorancia— que intenta convencernos de que aceptemos dejar de ser armenios y renunciemos al reclamo territorial de nuestras provincias.
A las autoridades de la geopolítica internacional y al status quo armenio se les complicaron los planes con la aparición prístina de la República de Armenia Occidental, ocupando el lugar legítimo del Estado Continuador Jurídico del Estado de Armenia de 1920.
Esta dirigencia política es intransigente frente a los intereses sectoriales y custodia exclusivamente el interés nacional integral.
Es por esta razón que los medios armenios tradicionales ocultan deliberadamente la existencia de este Estado en Marcha.
Nos presentan fórmulas disfrazadas de patriotismo que solo garantizan la perpetuación de la usurpación turca y azerí y nos adoctrinan en la resignación.
La más difundida de esas fórmulas afirma de manera falaz: “la única realidad que existe es la Armenia de 1991 más una diáspora fuerte que debe apoyarla”. Esto es falso y nocivo para el interés nacional.
La fórmula correcta y virtuosa es:
«La única realidad jurídica internacional que existe desde 1920 es el Estado de Armenia reconocido ese año».
«Pero como el mismo fue usurpado materialmente y en 1991 lo que quedaba de la República Socialista Soviética de Armenia fue sucedida por la Armenia de 1991, hoy en 2026 la única realidad política existente está constituida por la Armenia de 1991 y por la República de Armenia Occidental (Continuador Jurídico de la Armenia integral), las cuales deben trabajar codo a codo para servir al interés nacional armenio”.
El pueblo de la Armenia de 1991 es el que habita dentro de sus 29.743 km².
El pueblo de la República de Armenia Occidental es el pueblo originario de Armenia Occidental que debió conformar una diáspora de hecho por la perpetración del Genocidio turco, más todo el pueblo originario de las provincias armenias del ala oriental que han quedado fuera de la Armenia de 1991 pero dentro del Estado de Armenia de 1920 (Djavajk, Najicheván, Artsaj, Kars, Ardahán y Surmarí) y como somos un único pueblo también todos los armenios que componen el pueblo de la Armenia de 1991.
La República de Armenia Occidental no acepta el intento de suplantación en marcha, ni la separación de la Patria en dos Estados armenios de forma definitiva.
Salgamos de la “trampa invisible” en la que nos han introducido desde el 21 de septiembre de 1991 y observemos la realidad jurídica tal cual es.
Hagamos urgentemente nuestra toma de conciencia para saber exactamente quiénes somos. No somos argentinos, hijos de armenios. Somos armenios de nacionalidad y ciudadanía. Tan ciudadanos armenios como ciudadanos argentinos.
Los papeles oficiales que acreditan su nacionalidad y ciudadanía armenia están listos para ser entregados en la Embajada de la República de Armenia Occidental aquí en la República Argentina, mediante un trámite administrativo sencillo y ágil.
Inscribir su ciudadanía es hacer Patria.
Los dirigentes de nuestra República de Armenia Occidental estamos trabajando para que la silla reservada desde 1920 del país armenio que lograron nuestros mayores se luzca, provisoriamente junto a la de la República de Armenia de 1991, en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Cumplido ese objetivo y recuperadas todas nuestras provincias, uniremos a Armenia en un único Estado libre y soberano que contendrá a todos los armenios del mundo, para que el milenario pueblo armenio siga escribiendo su página en la historia con dignidad hasta el fin de la humanidad.
Armenia Occidental somos todos.
Dr. Guillermo A. Karamanian,
Embajador de la República de Armenia Occidental en la República Argentina.
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