VIDEOS: SE CELEBRÓ EN ARMENIA EL «DÍA PARA REGALAR LIBROS», EN HOMENAJE AL ESCRITOR HOVANNÉS TUMANIAN.

Este 19 de febrero, en el 156º aniversario del nacimiento del gran escritor Hovhannés Tumanian, se celebró en Armenia el “Día para Regalar Libros».

Hovhannés Tumanian (1869-1923). 

Dejó poemas, baladas, leyendas, historias y cuentos. 

Su obra maestra es el poema “Anush”, llevado al teatro y al cine. 

El compositor Armén Dicranian escribió la ópera homónima, conocida mundialmente, que fue estrenada en inglés en Estados Unidos. 

Uno de sus poemas más recordados es la leyenda de «¡Aj Tamar!»

Iglesia de Ajtamar, a orillas del lago Van, actualmente en territorio turco.

¡Aj Tamar!

(Traducido por Jorge Sarafian).

Todas las noches, desde un pueblito
de las orillas del lago Van,
un jovencito enamorado,
entraba al agua cautelosamente.

Rompiendo las olas con brazos varoniles,
sin bote ni remos, nadaba fugaz,
hacia la orilla de enfrente,
donde brillaba una luz clara y vivaz.

Era la bella Tamar, que toda las noches,
encendía el fuego indicador,
esperando impacientemente,
la llegada de su amor.

Como las olas agitadas,
el corazón del joven palpitaba;
y, cuando más enfurecida rugía el mar,
él, con más brío resistía y luchaba.

Oía Tamar, con ansiedad,
el ruido cercano, en el agua,
y sentía arder en su pecho,
del sagrado amor, la llamarada.

En la noche silenciosa,´
las dos sombras se encontraban,
siendo testigos solamente,
las olas del lago Van.

Las estrellas, desde el firmamento,
sobre la traviesa y ligera Tamar,
cambiaban irónicas miradas,
chismeando sin cesar…

Volvíase él al mar agitado,
al llegar la hora de separación,
en la orilla quedaba ella,
para orar con devoción.

Pero, una noche, personas malvadas,
al saber su secreto,
apagaron la luz clara,
con un diabólico gesto.

Perdió el joven su camino,
en el oscuro y sombrío mar,
y trae el mar que trae
sus congojas ¡Aj, Tamar!…

En la loca oscuridad,
su voz ,de cerca, parece sonar,
debajo de las escarpadas rocas,
donde, enfurecido, ruge el mar.

A veces se pierde ensordecida,
y, a veces se le oye exclamar:
¡Aj, Tamar!…

A la mañana siguiente, las olas del mar
arrojaron a la orilla un cadáver,
en cuyos labios se habían helado
sus últimas palabras, al perecer:

¡Aj, Tamar!…Y, por eso, desde aquel día,
la isla se llamó Ajtamar.


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