ENTREVISTA A RUZAN MANTASHYAN, SOPRANO ARMENIA – «VIOLETTA VALERY ES UN PUNTO DE INFLEXIÓN EN MI CARRERA» – VIDEO.

El nombre de Ruzan Mantashyan resuena cada vez con más fuerza en el panorama operístico internacional. 

La joven soprano armenia ha ido poniendo, sin prisas, los cimientos de una carrera que la pasada temporada ya la situó en el primer plano internacional. 

Fue gracias a su elogiada encarnación de Tatiana, de Eugene Oneguin, en el Palais Garnier y bajo la dirección escénica de Ralph Fiennes. 

En España, pese a recibir un premio especial en el Concurso Francesc Viñas de 2012, solo ha ofrecido, hasta ahora, un recital. 

Fue en la pasada edición de la Schubertíada a Vilabertran, festival al que ahora regresa y donde causó auténtica sensación.

Tuve la fortuna de asistir a su presentación en Vilabertrán el pasado verano y lo recuerdo como uno de los recitales más intensos a los que he asistido en los últimos años. ¿Qué recuerdo conserva de aquella noche y cuáles son sus sensaciones a pocos días de su segundo recital en la Schubertíada?

No se lo creerá, pero el del año pasado en la Schubertíada a Vilabertran supuso mi primer recital en solitario. El primero de mi carrera. La verdad es que tenía muchas ganas de hacerlo, pero también estaba a la expectativa de lo que podía suceder. Cómo me iba a sentir ante ese desafío y en un escenario tan exigente como el de la Schubertíada, por donde han pasado colegas tan destacados. Fue para mí una noche muy especial, que guardo en el recuerdo, y estoy muy contenta de volver a cantar otra vez ahí en unos días. Además, será mi primer compromiso esta temporada tras las vacaciones.

El recital, y aún más un Liederabend tan exigente como el que ofreció, es un formato delicado y muy particular. ¿Se sintió cómoda pese a ser su primera experiencia?

Mucho. Es una experiencia distinta. No se trata de darle al público lo que quiere sino de establecer un diálogo con él y ser capaz de gestionar las energías. Cuando estás en el escenario puedes sentir qué tipo de energía desprende el público en cada momento. Es como si estuvieses conversando con una sola persona. No se trata solo de dar como intérprete, también de tomar, de escuchar y aprovechar esa energía que llega al escenario. Es algo bidireccional y, si eres capaz de profundizar en ese diálogo, puede suceder algo realmente mágico.

Uno de esos momentos mágicos se produjo cuando interpretó canciones de su compatriota Komitas, una figura que va más allá de lo estrictamente musical. Un símbolo en su país, Armenia. ¿Qué significa para usted dar a conocer esas canciones?

Es algo muy especial y un gran orgullo. Komitas es un símbolo de Armenia, una figura muy importante. A parte de sus propias composiciones, recopiló el folclore de mi país y arregló muchas melodías tradicionales. Fue víctima del genocidio armenio de 1915 y en esas canciones se refleja lo más íntimo de la cultura armenia, su riqueza y también su dolor. Son canciones con una gran carga emocional y me hace feliz darlas a conocer. Además, tuve la suerte de poderlas grabar en CD con Kirill Gernstein.

Usted nació en Ereván, la capital de Armenia. ¿La música estaba presente en su entorno familiar?

En Armenia la música está por todas partes. Forma parte muy importante de la cultura. En mi familia no hay antecedentes musicales profesionales, pero en casa siempre se ha cantado. Mis primeros recuerdos musicales son las canciones de cuna que me cantaban mi madre, mi tía o mi abuela. Mi abuela, por ejemplo, era ingeniera, pero en el fondo siempre deseó hacer una carrera artística y, en cierto modo yo, que llevo su mismo nombre, tengo la sensación de haber acabado realizando su sueño. Cada vez que subo al escenario es como si le tributase un homenaje. 

Entonces era un destino inevitable…

Eso parece. A los siete años empecé mis estudios regulares en el conservatorio, a tocar el piano y a cantar en algún coro, pero en ningún momento con ambiciones operísticas. Simplemente cantaba en las reuniones familiares, como todos. ¡Para nosotros cantar es tan natural como desayunar!

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¿Cuál fue su primer contacto con la ópera?

La verdad es que, durante mi adolescencia, la música que escuchaba no tenía nada que ver. Cantaba en un coro, pero me interesaba el pop y esas cosas… Mi primer contacto con la ópera fue a través de una cinta de vídeo. La película de Madama Butterfly dirigida por Franco Zeffirelli con Mirella Freni y Plácido Domingo. Primero simplemente la vi y me impresionó, luego intenté ir entendiéndola, aunque mi dominio del italiano por aquel entonces era muy reducido y, finalmente, a seguirla partitura en mano. Ahí me di cuenta de que tenía muchísimo que aprender.

El de Cio-Cio-San debe ser, por lo que cuenta, uno de sus papeles soñados.

La verdad es que es un papel que ya me han ofrecido varias veces y siempre he dicho que no. Creo que aún debe pasar algún tiempo para sentirme preparada para asumir ese rol. Me gustaría encontrar el tiempo adecuado para trabajarlo, pero eso es difícil en esta carrera en la que pasas constantemente de un proyecto a otro. Tengo un mapa mental muy claro de cómo y cuándo debo afrontar el reto de Cio-Cio-San, pero no es ahora. Más que soñado es un papel que da miedo. Me refiero al componente emocional, más aún ahora que tengo un hijo. Se trata de un personaje que requiere mucha preparación mental. Es solo una niña que se transforma en mujer en el escenario, en una mujer herida que al final toma esa decisión trágica. Ser capaz de mostrar esa evolución en las tres horas que dura la ópera requiere una gran madurez personal, artística y una preparación musical y vocal superiores. Y, como he dicho, sobre todo mental. El momento de Madama Butterfly llegará y con el tiempo estoy segura de que podré dominar todos esos aspectos. 

Con la experiencia también he aprendido una cosa. No es lo mismo pensar un papel que interpretarlo. A veces, desde un punto de vista emocional, da más miedo cuando lo piensas. Eso me pasó cuando debuté un rol como Mimì, de La bohème. Al principio de mi carrera encarné varias veces a Musetta y mientras veía a mis colegas cantar Mimì pensaba: “No sé cómo lo haré para no llorar cuando lo interprete yo”. Tenía miedo de que la emoción me superase durante la función. Lo mismo me pasó con Violetta en La traviata, pero me he dado cuenta de que es muy distinto ver esos personajes desde fuera que vivirlos desde dentro. Son mujeres que luchan y no tienen tiempo de compadecerse de sí mismas. 

Volviendo a esa cinta de vídeo de Madama Butterfly, ¿hubiese podido imaginar entonces la especial relación que acabaría manteniendo con Mirella Freni?

Nunca hubiese podido imaginar que un día tendría la oportunidad de conocer y aprender de Mirella Freni. Me hubiese conformado con que simplemente me escuchase y, con suerte, me diese su opinión. En cualquier caso, nunca creí que podría formar parte de su programa de estudiantes, de su academia. Fui allí sin esperanza de ningún tipo. Yo era muy joven, apenas tenía veinte años. Además, no había acabado mi formación básica, mientras que sus clases eran de perfeccionamiento. Durante los primeros meses estaba como levitando, no me creía que Freni me hubiese aceptado como alumna. La verdad es que me costó un tiempo asimilarlo y empezar a absorber realmente todo aquello. Ten en cuenta que era la primera vez que vivía lejos de casa, en un país con un idioma que apenas dominaba… Módena es una ciudad encantadora, pequeña, que se puede visitar en una hora, pero está situada en el centro de Italia, lo cual me permitió, en mis ratos perdidos, visitar buena parte del país. Era estudiante, no tenía dinero, apenas conocía a nadie más allá de mis compañeros, que procedían de países muy distintos, pero fue una experiencia importante. Me permitió descubrirme personalmente y lo que quería realmente.

Muchos cantantes comentan que uno de los aspectos más duros de la carrera es la soledad que conlleva. Dos meses en una ciudad, luego otra y así sucesivamente. ¿Esa experiencia fue importante para entender lo que conlleva su profesión?

Me sirvió mucho para mi carrera. Estar en una ciudad sin conocer a nadie es muy duro. Una de las cosas que aprendí es que, estés donde estés, es imprescindible crearte una rutina de trabajo, ya sea física o a nivel de estudios. Luego hay detalles que pueden parecer nimios al público en general, pero que para nosotros -cantantes, pero también todo tipo de instrumentistas- son sumamente importantes. Por ejemplo, cuando vas a cada ciudad lo primero es encontrar un lugar donde poder estudiar sin molestar. Debes considerar muchos aspectos. Al principio tienes ese entusiasmo de los primeros años, pero con el paso del tiempo empiezas a notar la necesidad de una mayor estructura en tu vida. También vas creando círculos de amistades en las diferentes ciudades o países. ¿Sabe una cosa? En ese sentido son de mucha ayuda redes sociales como Instagram, porque te permiten si tienes cerca amigos o colegas. Vaya, vas aprendiendo y adquiriendo ciertos recursos que te facilitan una vida que no es fácil. 

¿Su debut profesional fue durante esa etapa en Módena?

Técnicamente mi debut fue en Reggio-Emilia, aunque era una función que formaba parte de una pequeña gira por varias ciudades italianas, entre ellas Módena. Fue con Susanna en Le nozze di Figaro. ¡Diría que es uno de los papeles de soprano más largos de todo el repertorio! Luego canté Servilia, de La clemenza di Tito, también en Módena. Luego llegó Musetta. Creo que tuve el entorno ideal para dar mis primeros pasos en la ópera, rodeada de compañeros de la Accademia en el reparto y muy protegida.

En esos años obtuvo premios en concursos como el Toti dal Monte o el Francesc Viñas. ¿Supusieron un impulso importante? 

Los concursos sirven sobre todo para entender cómo funciona el mercado. Por otro lado, nunca fui carne de concurso. Era muy joven cuando me presenté a los primeros, mi voz estaba por formar y siempre ha sido un poco oscura. No era el target, pero tampoco me importó. Lo que me interesaba era pisar escenario. Evidentemente el dinero de los premios es importante cuando estás empezando, te permite tener un cojín para poder hacer audiciones. Otra cosa interesante de los concursos es que te obligan a ponerte en modo sprint, a estudiar con una intensidad distinta y poner a prueba tu sistema nervioso. Ganase o no, siempre me aportaron cosas importantes de cara a la carrera. Por otro lado, es importante tener en cuenta que tu resultado en los concursos no depende solo de ti, también del nivel del resto de participantes.

¿Los concursos le sirvieron más bien como banco de pruebas?

Sí, para madurar y seguir trabajando. Le voy a contar una interioridad. El premio especial que me otorgaron en el Concurso Viñas comportaba una bolsa de estudios en Siena para recibir clases de Renata Scotto y Renato Bruson. En aquel momento estaba en mi segundo año en la Accademia di Belcanto de Mirella Freni, así que tuve que valorar diversos aspectos, tanto formativos como personales, sobre sí me iba a Siena o renunciaba y seguía con Mirella en Módena. Finalmente opté por lo segundo y creo que fue un acierto. 

¿Por fidelidad a Mirella?

Por fidelidad y por entender en qué etapa formativa estás y cuáles son los pasos adecuados en cada momento. Lo mismo me pasó cuando me ofrecieron la primera vez entrar en el Atelier Lyrique de la Ópera de París. Consideré que era precipitado, que me interesaba más acabar de formarme, aprender idiomas y coger experiencia. Estos Opera studio son complicados, pueden ayudarte mucho, pero también destruirte si no estás preparado. Dos años después me lo volvieron a ofrecer y sentí que ya lo estaba. Son intuiciones. Prefiero ir lento, pero seguro.

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Mozart ha sido un compositor clave, especialmente en los primeros años de su carrera. ¿Qué le ha aportado ese bagaje mozartiano?

Hasta hace poco, el papel que más veces había interpretado era Fiordiligi, de Così fan tutte. Ahora creo que es Tatiana, de Eugene Oneguin. Mozart es una gran escuela, la mejor. Exige que estés en absoluta plena forma. Papeles como Susanna, La Contessa, Donna Elvira o Fiordiligi son larguísimos y están casi permanentemente en escena. Necesitas mucha energía si quieres sobrevivir a toda una función. Al principio de mi carrera mi voz encajaba perfectamente en ese repertorio. Ahora ha evolucionado, es un poco más pesada y debo trabajar y utilizar los recursos técnicos adquiridos para adaptarme. De todos modos, volver a Mozart siempre es sano para la voz, terapéutico. Como volver al gimnasio.

Pero si con algún rol se la identifica en estos momentos es el de Tatiana. ¿Cómo definiría su relación con ese personaje?

Tatiana ahora mismo me encaja como un guante. Creo que, si me despertase a medianoche, podría cantarlo sin apenas vocalizar. Eso pasa en muy contadas ocasiones. ¿Qué significa para mí? De entrada, es especial porque fue el primer papel que interpreté tras dar a luz. Tatiana me es muy familiar, me siento especialmente segura y cómoda cantándolo, pero también descubro cosas nuevas, pequeños detalles del personaje a cada función. Por otro lado, me ha aportado grandes oportunidades, como cantarlo en París en una producción fantástica. 

Esa producción supuso el debut como director escénico de ópera de Ralph Fiennes. ¿Cómo fue trabajar con él?

Es una producción que llevaré siempre en el corazón. Por los compañeros fantásticos y por lo que aprendí con dos figuras tan savias y generosas como Semyon Bychkov y Ralph Fiennes. Ambos fueron capaces de crear una atmósfera de trabajo maravillosa. Fiennes, como director, es muy tranquilo -lo cual no siempre sucede con los directores de escena- muy trabajador y profesional. Aprendes mucho con él porque, obviamente, es un gran actor con mucha experiencia, pero está siempre abierto dispuesto al diálogo y pendiente de tus necesidades. Lo mismo puedo decir de Semyon Bychkov, un músico excepcional. Ha sido una de esas experiencias que te marcan como cantante y como artista.

Recientemente ha incorporado otro papel emblemático como es Violetta Valery. ¿Cómo valora este primer contacto con un personaje que supone un auténtico reto?

A diferencia de Tatiana, no creo que ninguna soprano se atreva a decir que la vocalidad de Violetta le encaja como un guante. O al menos, ¡yo no la conozco! Es un papel que entraña una gran dificultad en todos los aspectos. Para empezar, cada uno de los actos son completamente distinto y requieren cualidades distintas. El primero, con toda esa coloratura, es realmente intimidante y exige aligerar la voz. En cambio, el último es mucho más central y dramático. Lo que está claro es que es un papel que te pone al límite, pero al mismo tiempo te hace crecer como cantante. Lo he interpretado en Montpellier y Ginebra y debo decir que he aprendido mucho en cada una de las funciones. Verdi es un compositor que, por su tipo de escritura, te obliga a superarte constantemente y eso me encanta. Es como aprender un nuevo alfabeto. Cada compositor tiene el suyo propio. No es lo mismo el lenguaje de Verdi que el de Puccini, por poner un ejemplo. Cada uno requiere unos acentos, unas inflexiones o recursos técnicos particulares y eso lo percibes muy claramente cuando interpretas sus obras. Para mí, en ese sentido, interpretar a Violetta ha supuesto un punto de inflexión en mi carrera.

¿Significa eso que Verdi va a estar más presente los próximos años en su repertorio?

Tengo muchas ganas de cantar más Verdi. Antes de Violetta solo había interpretado el Requiem y Alice Ford del Falstaff, pero mi intención es ir incorporando progresivamente roles verdianos. El próximo será Desdemona, de Otello, que creo que es el paso lógico. Lo debutaré la próxima temporada en la Deutsche Oper de Berlín. Otro papel que me gustaría incorporar pronto es el de Amelia, de Simon Boccanegra. Me han ofrecido en diversas ocasiones Elisabetta, de Don Carlo y he dicho que no. También Leonora en Il trovatore. Son papeles que quiero abordar en el futuro, pero en el momento adecuado.  Es importante ver hacia donde evoluciona la voz tras cada paso. 

No deja de ser sorprendente, teniendo en cuenta su trayectoria, que aún no haya debutado en un papel operístico en nuestro país. ¿A qué lo atribuye? ¿Por qué no canta más en España?

Supongo que son cosas relacionadas más bien con el mundo del management y los contactos. Mi agencia de representación quizás tiene menos presencia en España que en otros países como Alemania, Francia o Italia. Del mismo modo que se mueve más en el circuito operístico que en el de los conciertos, recitales u oratorios, géneros y formatos en los que me encantaría profundizar más en el futuro. A menudo los mercados están vinculados a los contactos, así funciona esto. Le aseguro que me gustaría que esta situación fuese cambiando y tener la posibilidad de cantar más en España, donde hay un público apasionado y entendido. Lo he vivido un poco desde el escenario, pero también como espectadora. Veremos, nunca se sabe hacia donde te lleva la vida y la carrera. Por ahora, aparte de este recital en Vilabertran, tengo previsto volver a España para un concierto en L’Auditori de Barcelona en mayo de 2027. Será junto a la OBC y cantaré los Vier Letzte Lieder, de Richard Strauss. Espero que pueda volver muchas veces más en el futuro.

IMÁGENES: 

© Anastasia Zuzmann

FUENTES:

https://www.facebook.com/ruzanmantashyansoprano

https://www.plateamagazine.com/entrevistas/20348-ruzan-mantashyan-violetta-valery-ha-supuesto-un-punto-de-inflexion-en-mi-carrera

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