La exposición conmemora el centenario de la comunidad armenia en Córdoba
En el marco del inicio de las vacaciones de invierno, el Museo Caraffa de Córdoba tiene una de las apuestas expositivas más originales de la temporada. El pasado jueves 2 de julio abrió sus puertas Grunk. Una travesía de 100 años, instalación interactiva e inmersiva de escala monumental.
Esta ambiciosa muestra es el resultado de un exhaustivo trabajo colectivo y cooperativo entre el Grupo Espilus y el Grupo Menk, fuertemente impulsado por la Comunidad Armenia de Córdoba. La propuesta artística promete transformar el espacio del museo y quebrar la percepción tradicional del espectador a través de un despliegue sin precedentes.
Conmemora el centenario del arraigo de la colectividad armenia en Córdoba, cuando en 1926 se fundó la Iglesia de San Jorge (Surp Kevork) en el barrio Pueyrredón, el primer templo apostólico armenio de toda Sudamérica.
A través de un cruce entre arte, memoria histórica y resiliencia, la muestra celebra la rica integración cultural entre Armenia y Argentina, reflejada tanto en los símbolos de la exhibición como en las raíces de los propios artistas participantes.
Una travesía de cien años hecha arte.
“Grunk” (palabra que evoca a la grulla, símbolo armenio de la nostalgia, el movimiento y la esperanza) está diseñada como un quiebre de la percepción tradicional. La primera mitad del recorrido está dominada por un ambiente multisensorial donde las piezas artísticas están colgadas en altura.
Al ingresar, cada visitante recibe un dispositivo o “caja espejo” horizontal que anula la visión frontal y lateral, obligándo a mirar únicamente hacia abajo para ver lo que está arriba, generando un fenómeno físico-psicológico de inversión espacial. El cerebro asume que lo que está en el techo es el suelo que se pisa, provocando un paseo lleno de sorpresa, sensaciones de ingravidez, vértigo y dudas.
Este tránsito desafía de manera directa los sentidos, la interocepción y la propiocepción (el sentido que nos permite percibir la posición y el movimiento de nuestros músculos). Entre campos simulados de tréboles amarillos, flores de no me olvides, cientos de barcos de papel, puentes colgantes, aromas y el sonido melancólico del duduk, el público experimenta de forma física la odisea de la diáspora: el desierto, la incertidumbre, la pérdida, pero también el florecimiento y el arraigo en las sierras cordobesas.
De las valijas al infinito: el reencuentro en el suelo.
Tras superar esta primera etapa, los espectadores se despojan de las cajas espejadas para interactuar de forma directa con el entorno en la segunda parte del trayecto, donde el espacio se articula en torno a tres instalaciones profundamente simbólicas. La primera de ellas se centra en las valijas, que funcionan como metáforas del desplazamiento forzado y de los tesoros culturales protegidos durante el viaje. Luego, el recorrido se topa con el muro y las grullas, que consiste en una proyección audiovisual interactiva que simula las ventanas de una iglesia armenia tradicional. Finalmente, la experiencia concluye con el paisaje espejado, un cierre inmersivo donde la geografía rocosa de Armenia y las sierras de Córdoba dialogan en un infinito visual, sellando de este modo un siglo de hermandad y respeto mutuo.
Conciencia ambiental y trabajo colectivo.
En un contexto global dominado por la digitalización, “Grunk” siembra una paradoja al priorizar una escala monumental construida de manera artesanal y a mano. La materialidad de los paisajes se logra a través del reciclado y la reutilización de elementos cotidianos de desecho (nylon, bolsas plásticas, botellas PET, cartón corrugado, alambres y periódicos viejos), transformados mediante técnicas de grabado, termo-moldeado, esgrafiado y collage. Este núcleo analógico se complementa de forma equilibrada con animaciones digitales en 3D y proyecciones audiovisuales.
La muestra es también de algún modo un alegato contra el individualismo moderno, predominante también en el campo artístico. Grunk es producto de la sumatoria singular de experiencias y conocimientos a partir de la multidisciplinariedad de los integrantes de Espilus + Menk: artistas grabadores, pintores, escultores, ceramistas, artistas visuales, músicos compositores, arquitecto, diseñadores de realidad aumentada, 3D y gráficos.
Hacen Grunk:
El equipo que hace posible esta creación está integrado por los miembros del Grupo Espilus, compuesto por Miguel Ángel Barseghian, Adriana Miranda, Varinnia Jofré, Inés Marietti, Christian Iacono, Ana Giuffrida, Peri Labeyrie y Mónica Jacobo, junto al Grupo Menk, conformado por Romina Haiatzanian, Marcos Tatián, Cristóbal Tatián y Cci Kiu. A ellos se suma un destacado equipo técnico que cuenta con la asistencia de producción y montaje de Belén Canesini y Christian Iacono, la iluminación de Tomás Gray, los efectos de paisaje aromático de Constanza Villagrán y el asesoramiento en producción de Matilde Leblebidjian.
Las entradas se adquieren en la Recepción del Museo al momento de la visita o de manera anticipada en el sitio web de Autoentrada.
Tarifas: Menores de hasta 16 años, estudiantes con certificado de alumno regular, jubilados y/o personas con discapacidad con credencial, ingresan gratis todos los días. Entrada general para mayores de 16 años, $5.000. Entrada combinada para visitar los museos Palacio Dionisi, Emilio Caraffa y Evita-Palacio Ferreyra, $10.000. Entrada familiar de hasta 6 integrantes, $15.000. Días miércoles, gratis para todo público.
FUENTE:
https://cultura.cba.gov.ar/el-museo-caraffa-inaugura-la-propuesta-inmersiva-grunk/
GUÍA ARMENIA MENC:
